Cuando se trata de mi hija o de mi hijo, o de la familia, o de mí.

Consultar es hacerse preguntas
Las preguntas más frecuentes suelen surgir frente a lo incierto de algunas experiencias cotidianas, o frente a frustraciones y decepciones motivadas por la convivencia y las exigencias sociales. Son preocupaciones o sucesos, conductas o conflictos que ocasionan angustia, dolor psíquico o sufrimiento.

El espacio para hacerse las preguntas
Crear el espacio para escuchar

EL relato de lo que le acontece a quien consulta merece ser contado en primera persona, y ser escuchado desde la huella singular que le ha marcado, desde la historia absolutamente única de la persona que lo ha sentido y percibido. Sus detalles, versiones, preguntas etc. requieren ser oídas desde una escucha que no anticipe ninguna conclusión, que garantice que todo resultado surja desde el mismo relato y sea comprendido desde ahí.


Las respuestas
A veces, la respuesta es un diagnóstico que, en sí, decide el tratamiento o prueba terapéutica.


También hay respuestas que la familia trae consigo y que operan como un punto de partida para interrogarse con mayor eficacia sobre los acontecimientos o síntomas consultados, para finalmente decidir acciones que mejoren las condiciones de vida y la calidad de la misma.

Quién consulta
En general, quien experimenta angustia, dolor o sufrimiento, o alguien que está autorizado a ser portavoz de otra persona que lo experimenta.


Tratándose de niños, niñas o adolescentes suelen llevar la voz cantante los padres y las madres, que son los gestores del bienestar de sus hijos e hijas y detectan con mayor eficiencia los malestares. En ocasiones la familia es alertada por otros que cuidan al niño o la niña: abuelo o abuela, el o la profe, pediatra…

Sabemos también que un “síntoma” es una señal de alarma que aparece en cualquier lugar de la estructura familiar, y que por ello afecta, de un modo u otro, a todos los miembros del grupo. Un síntoma es síntoma de “algo”, como cuando se dice «esto que hace es síntoma de que tiene sueño».


Nuestras consultas están abiertas a todas las dudas y a acompañar a la familia (padre o madre e hijo o hija) a hacerse preguntas acerca de las causas de sus molestias e inquietudes. Y a partir de ahí decidir el tipo de tratamiento adecuado y necesario.

Haznos tus preguntas, nos ayuda a crecer.

1 Comment

  1. Adriana Esnaola el octubre 22, 2020 a las 7:32 pm

    Por mi experiencia, la necesidad de una consulta se vive con urgencia; el malestar apremia y el dolor impone la búsqueda de una vía de escape. Cuando yo necesité acudir a una consulta era demasiado joven para poder escoger a conciencia a un grupo de profesionales que pudiera ayudarme, así que lo escogieron por mí. Por suerte, caí en Cepyp y especialmente en Gradiva.

    Después de un tiempo de sesiones / consultas, o lo que es lo mismo: de trabajo de escucha y de habla, de confianza, de respeto, de cuidado, de ganas de seguir adelante, el dolor fue desapareciendo y en su lugar quedaron grandes riquezas que todavía me acompañan.

    El dolor es un gran aliado porque es el que no se contenta con buscar una compañía cualquiera, sino que reconoce y entiende que «no todo vale», y quizás -con un toque de suerte- termina por encontrar el lugar donde difuminarse y convertirse en otra cosa.

    Todo mi agradecimiento a esta comunidad solidaria y profesional a la que tanto le debo. Y, por descontado, recomiendo a cualquiera la compañía de su discurso y su escucha, que tan sanadoras son.

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