“los niños y las niñas obedecen y respetan a las personas que los cuidan y que velan por sus creaciones singulares”

Gradiva-cepyp Parafraseando a S. Freud.

"Forma parte de la condición humana  
que un ser humano necesite de los cuidados de otro "

Día cero.  Empieza el cole este año con algunas incertidumbres en madres, padres y profes. Además nuevas normas sanitarias deben ser incluidas, obedecidas, para el cuidado de niñas y niños y de sus propios cuidadores. Estos buscan que aquellos participen, obedezcan, digan con su conducta que son buenos o buenas.

A los más pequeños, que ya tienen cierta autonomía, mamá o papá los ha preparado para que se cuiden y cuiden a los demás, para que obedezcan las normas sanitarias que ahora van a formar parte del día a día.

Verdaderamente, el día cero siempre es ahora, justo en el momento en que algo comienza.

¿Por qué los niños y las niñas obedecen?

En realidad, cuando un niño o niña obedece a su papá o a su mamá es porque tiene la experiencia de que lo ha cuidado, o sea, ha actuado en su beneficio. Cuando no obedecen, tenemos un dato: ¿Cuál es el antecedente o testimonio que se nos ha escapado, qué no hemos contemplado?

Experiencia y cuidado suelen ir de la mano, aunque a veces parezca que no. Un bebé no puede decir «mamá me cuidó», habla con su cuerpo unido a la recién parida madre o a la presencia real de sus nuevos papá y mamá. la escena que determina ese encuentro mamá/papá – bebé es un enigma que se irá desplegando, sobre el que se irá anotando, mencionando lo que significó cuidar y lo que lo despertó: qué se atendió, a qué se prestó atención, en dónde se metió etc.

La humanidad es, al menos, cosa de dos: no hay bebé sin la preocupación y la acción especifica a sus manifestaciones, sin el cuidado maternal de mamá o papá. El bebé chupa la teta – o el biberón que la sustituye- si no está malito y si atendemos a su necesidad de participar y a su necesidad de placer.

Cuando el ser humano es un bebé nada parece indicar que darle la teta y tomar la teta o el biberón ha dejado una huella en su existencia. Salvo la propia escena con mamá, que, como una obra única y desde su fondo hasta el final está llena de detalles, y que, al ser relatada por primera vez, nos indica que puede ser leída como algo que queda escrito en nuestros cuerpos. La letra queda escrita con los trocitos vividos con la ingestión, el tacto, la luz, los susurros… y por tanto tiene ricas lecturas. Augura que puede ser muchas veces la primera vez.

Esta primera vez sólo puede ser escrita en la comunión con mamá, aquella persona que realmente responde y se siente llamada a responder a los gestos del neonato. Sera el comienzo de la historia de una familia, una entre otras, pero una que cuenta la primera vez que este bebé, éste específicamente, ingresa en la vida.

la primera vez deja huella en comunión con mamá
y puede ser relatada

Una entrada llena de preguntas ¿respira, chupa bien, mira, oye…? Preguntas que singularmente no se responden con la normalidad estadística sino con el riesgo de nombrar y contar la aventura que mamá y bebé acaban de atravesar. Mamá es mi mamá, la que arriesga por primera vez la ocurrencia de nombrar el hambre, el juego, la autonomía al gatear, balbucear, sonreír… Lo hace a su manera, con sus palabras, y, si es posible, acompañada de un cortejo de cuidadores solidarios que dan matices al momento, versiones diferentes. Con esas versiones distintas el niño o la niña irá ganando una familia: una abuela, un abuelo, un tío, y una comunidad: una profe, un cuidador, una amiga o un amigo…

A veces “olvidamos” lo que significa la primera vez. Pero con suerte la vida nos recordará que todo lo que hace este niño o esta niña es por primera vez, aunque se repita. Que no sólo él o ella misma tiene nombre propio, sino que todas sus cosas deben ser denominadas personalmente. Todo lo que hace, aunque lo repita, lo hace por primera vez. Es más, lo que se repite es precisamente la primera vez.

Cuando este recién nacido a la vida humana vuelve a hacer alguna de «sus cosas» a veces creemos saber rápidamente de qué se trata. En ocasiones olvidamos que cuando participa de la vida es porque algo de su entorno, de sus vivencias, le ha afectado en el cuerpo y que es algo de ahora, nuevo para él. «Las cosas» necesitan tiempo, ser experimentadas y luego contadas, cobrar formas.

Los niños y niñas participan de la experiencia y del relato, se hacen oír, se hacen ver, se hacen sentir. Van cobrando formas.

Mary Cruz Mijares. Actualidad del psicoanálisis con niñas y niños.

Es ese hacerse vivir el que podemos cuidar y lo que les permitirá experimentar que «las normas están hechas para cuidarlos«. Hacerse ellos mismos, con la compañía del que lo cuida. Ese lazo les facilitará el camino a obedecer, pues querrán cuidar el amor por mamá o papá – porque me velaron- , y también la experiencia y el relato – que será con lo que llegarán a ser alguien que convive con otros/as.

Cuando las normas están hechas para cuidar las relaciones, o sea, para pensar con el otro/a, entonces se puede hacer la experiencia de cuidarse uno mismo, tener ideas sobre el cuidado que es necesario para convivir.

Vivir con el otro/a, no contra el otro o sometido al otro.

Una psicoanalista le pregunta a una niña de seis años «¿qué es ser buena?». Adela, la niña, le había contado que ella era buena en el cole. La niña le responde: «hacer lo que te manda papá y mamá». «Ahora hay que acompañarla a interrogar y fantasear qué quiere mamá y qué quiere papá con lo que le mandan«, comenta la psicoanalista.

Obedecer nos liga a un mundo lleno preguntas que nos liberan de ataduras

Deja un comentario