El poder de educar cuando el niño o la niña tiene la certeza de ser escuchado, acogido, acompañado, tiene una fuerza de creación y de cambio insospechada.
«En un verdadero ensayo del escritor Carlos Fuentes, titulado “Kafka no va a la playa”,la madre de Kafka aparece retratada en relación a su hijo como: «una presencia piadosa y un influjo de misericordia que consiste en callar para que el hijo hable». En el mismo ensayo, más adelante dice Carlos Fuentes: «Si Franz Kafka le dio un rostro a los horrores del poder en el siglo XX, es posible que también sea el profeta del poder en el siglo XXI. Aquél se hizo visible, demasiado visible, en el Auschwitz de Hitler y en el Gulag de Stalin. Hoy, el poder ha aprendido las maneras de hacerse invisible, contando, más que nunca, con que la propia víctima le otorgue fuerza al poder».

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